|
Los hidrofugantes repelen el agua de lluvia porque el producto aplicado modifica la tensión superficial de la materia donde es aplicado. Cuando el agua se pone en contacto con un sólido se ponen de manifiesto la cohesión (fuerzas líquido-líquido) y la adherencia (fuerzas sólido-líquido). Debido a la estructura molecular del agua, ésta tiende a adoptar una forma esférica pero en contacto con un sólido, las fuerzas mecánicas de atracción del mismo tienden a hacer que esa esfera no se forme y moje la superficie.
En la zona de contacto entre el agua y el material de la fachada se crea un ángulo de contacto. Si tiene un valor entre 0 a 90º, el líquido mojará al sólido (la adherencia es mayor a la cohesión).
Si el ángulo tiene entre 90 y 180º, el agua no mojará la superficie (la cohesión es mayor a la adherencia). Se formarán gotas que se deslizarán por la superficie del muro: tendremos una fachada hidrófuga.
El concepto actual de rehabilitación demanda la protección de las superficies con productos que no formen película, que no alteren el aspecto estético original y que tengan un elevado grado de transpirabilidad. Por otro lado, el grado de penetración en el soporte debe ser máximo, siendo los más efectivos los tratamientos con productos al disolvente.
|
IMPERMEABILIZAR E HIDROFUGAR |
|
Impermeabilizar una superficie es impedir que el agua la atraviese, revistiéndola una película o cerrando sus poros.
Hidrofugar una superficie es conseguir que el agua la moje con dificultad, mediante la transformación de la tensión superficial y sin alterar la estética del material. Esta operación se realiza, normalmente, sobre materiales porosos como ladrillo, piedra, etc.
Por lo tanto, conviene hidrofugar cuando:
§ La superficie es vertical.
§ Los materiales son porosos (ladrillo, piedra, etc.)
§ No deseamos modificar la presencia ni las características (textura, color, transpirabilidad, etc.) ni las propiedades mecánicas del material tratado.
|
|